domingo, 22 de mayo de 2011

Punto

A veces punto, no aparte ni y seguido, aquel geométrico, pensado y explicado en su imposible realidad como la memoria de papel de un lápiz o la irrupción de la rama en un poco de arena. No, tampoco esos, insisto en esa maravilla tan ideal como imposible, el geométrico, el euclidiano y el no euclidiano y de las otras que nos han iluminado su contorno para poder verlo o lo han oscurecido todo para dejarlo brillar, estrella lucero en noches de mil colores. Misteriosamente esta ínfima expresión se hace profunda, aunque paso previo en la secuencia a la nada, es quien la toma de la mano en la ronda y por quien es tomada, es un pasadizo dimensional. Y su profundidad me asombra porque juego a tomarlo y al verlo tan pequeño, tímido se diría, está todo allí en lo que muestra, no hay un detrás, tampoco otro lado y sin embargo allí mismo sus dimensiones, y sin abrir los ojos lo contemplo frente a mí. Sin quitarle la mirada de encima me sorprenden algunos brillos, y punto soy frente a un espejo.
Entonces me siento estación central de un eterno e inconcebible sistema de subterráneos rectilíneos con trenes que se pierden, un punto tras otro, vagones, en un horizonte de múltiples fugas hacia otras estaciones centrales.
Una de estas líneas encierra los instantes y los ordena, hoy sólo puedo ver hasta los treinta y un años, el resto de los vagones están; pero sin luz.
Llegando por detrás, un tren que sería subibaja en la plaza, un trayecto de una sola vía en donde la dirección es inestable, reconozco allí el depósito de ideas que se agolpan en lo que se dirían las horas pico, con montañas de hojas y cajas hasta el techo; de la mano de vagones en donde sólo algunas láminas viajan disfrutando de la brisa, jugando a la exhibición de paracaídas.
El amor son los amores, un millar de trazos conocidos y los desconocidos que pasan rectos por aquí.
Las lágrimas viajan desordenadas, llegan sin horario y pasan siempre para hacer un trasbordo. Jamás llegan solas.
Entonces soy punto, atravesado por infinitas líneas de infinitos puntos que son el mismo, tan ínfimo como universal, tan singular como todos; que a ojos cerrados se ilumina en el vacío y reflejado se ve, a veces humano.